Los Nfts no son más que archivos digitales a la venta. Cuando compras un Nft estás comprando, por ejemplo, un “jpg” un “mp4” u otra clase de archivos que pueden ser más o menos sofisticados como pequeños juegos o interactividades. Pero, insistimos, no dejan de ser archivos y, por lo tanto, reproducibles.

Esto antes era muy complicado y lo veremos con un ejemplo:  Imagina que yo te vendo un .jpg con la foto de la tía Josefa y tú lo compartes con tus primos. Hay 20 personas con la foto… ¿quién dice que esto es tuyo?

Podríamos ir a un notario para confirmar tu propiedad. Pero si la foto se hace viral y llega a Australia, lo que diga nuestro notario Pepe actuando bajo la legislación española va a tener una validez más que relativa.

Una tecnología llamada Blockchain, que también rige las criptomonedas, ha cambiado las reglas del juego. Ahora la cosa va así: yo te vendo una foto de la tía Josefa y establezco las condiciones de nuestro acuerdo. Añado esta información al Blockchain que, simplificando, viene a ser como una carpeta del Dropbox o del Drive compartida por miles de personas a lo largo y ancho del mundo.

El acuerdo al que llegamos, por lo tanto, queda registrado en una red gigante y cada vez que quiera hacer cualquier cambio, no uno, sino todos esos ordenadores de esta red (aquí entran algoritmos complicados) tendrán que validar que el cambio cumple las condiciones definidas en el contrato inicial.

En Australia ahora saben que la foto es tuya y si, por ejemplo, alguien quiere robártela va a tener que enfrentarse a un ejército de ordenadores no dependientes de ninguna empresa ni compañía. Tú mismo, si eres un poco friki, puedes hacer que tu ordenador forme parte de esta red “validadora”.

¿Y cómo se usa todo esto de los NFTs?

Nos encontramos en un momento de exploración de posibilidades y aún no sabemos todo el potencial que este nuevo sistema de intercambio puede tener. Pero hay una serie de sectores en los que los NFTs parecen estar cuajando más fácilmente:

Juegos, metaverso (o mundos virtuales) y NFTs:

Si estás leyendo este artículo probablemente no pertenezcas a ese creciente segmento de la sociedad que juega online. Las personas que lo conforman se van juntos de aventuras al Minecraft –un juego en el que creas tu propio mundo– igual que tú irías con tus amigos al parque e incluso a un bar. Y, si tú te comprabas cromos, ellos se compran el coche x (que, recordemos, no es más que un archivo) con el que ganar a sus amigas en un juego de carreras. O el último modelito de la muñeca en la que se van a convertir esta noche para asistir a una fiesta online. Y así hasta el infinito.

Arte y NFTs:

Este siempre ha sido un sector muy dado a la especulación y, por supuesto, en seguida ha visto las posibilidades de este nuevo modelo de compra-venta. Es el más fácil de entender porque funciona como siempre: el original cuesta más que la copia solo que ahora en vez de venderte cuadros te vendo archivos.

Marketing, publicidad y NFTs

Siempre que detectamos un público numeroso las agencias de comunicación levantamos las antenas. Y dado que las nuevas generaciones parecen más que dispuestas a vivir gran parte de su tiempo en los mundos virtuales la carrera para entender de qué forma podremos comunicarnos, vender, publicitarnos, etc., en estos metaversos ya ha comenzado. Pero eso da para otro artículo.