La corrección en el diseño

Hablamos de diseño institucional para referirnos a aquellos proyectos realizados para organismos que desempeñan una función de interés social. Algo a tener en cuenta en este tipo de proyectos, sobre todo cuando nos referimos a instituciones de carácter público, es que el cliente es la ciudadanía, es decir, el cliente somos todos los que pagamos nuestros impuestos. A pesar de que el diálogo tenga lugar en una administración la implicación de la sociedad es un hecho que no se debe perder de vista, menos aún, en los tiempos que corren. A la hora de diseñar debemos hacernos cargo de las responsabilidades que esto conlleva y traducirlas en métodos y formas concretas de diseño. Pasamos a ofrecer algunos ejemplos: El diseño institucional debe ser inclusivo, por lo que se eligen códigos agradables y fáciles susceptibles de ser aceptados por una mayoría. Es importante no resultar jamás ofensivo ni excluyente para ningún sector de la ciudadanía. Debe ser accesible, lo que obliga, por ejemplo, a utilizar tamaños de letra adecuados o contrastes de colores fuertes para una mejor legibilidad. Debe ser transparente, por lo que las composiciones deben ser claras y la información debe estar perfectamente jerarquizada para facilitar su comprensión y evitar que se pierdan partes del mensaje. Debe ser útil, por lo que, por ejemplo, se evitarán elementos accesorios y se discriminarán aquéllos soportes innecesarios o poco eficaces tratando siempre de no malgastar el erario público. En definitiva, el diseño institucional requiere de una actitud empática con la sociedad que se traduce en, por qué no decirlo, un diseño políticamente correcto.   

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